Mi esposo era supervisor de obras.
Y entre la hipoteca, los gastos de la casa y la escuela de Camila, casi nunca nos sobraba demasiado dinero.
Pero verla bailar nos hacía comprender cuánto significaba aquel sueño para ella.
Así que decidimos apoyarla.
El otoño pasado ocurrió algo maravilloso.
Camila presentó una audición para ingresar a un programa avanzado de ballet en una reconocida academia de San Miguel de Allende.