Durante 7 meses, la suegra y la cuñada explotaron a la empleada y prepararon pruebas falsas para acusarla de robo; pero una transferencia enviada por una mujer “muerta” cambió para siempre la identidad del esposo

Rodrigo salió sin esperar respuesta.

Rosa rindió su declaración usando muñequeras. Emiliano permaneció a su lado. Al principio, ella hablaba casi en susurros. Después vio el video donde Patricia colocaba el estuche en su abrigo.

—Querían hacerme creer que ser pobre significaba no tener nombre —dijo—. Pensaban que podían convertir cualquier mentira en mi historia.

Emiliano tomó su mano.

—Pero no pudieron.

Rodrigo se disculpó.

—Debí protegerte.

Rosa lo observó con serenidad.

—Primero debió proteger su propia casa. Si hubiera puesto límites antes, ellas no habrían sentido que podían entrar y mandar sobre todos.

—Tiene razón.

Rodrigo no le pidió perdón inmediato. Comprendió que una disculpa no obligaba a la víctima a tranquilizarlo.

Durante los siguientes meses, Ofelia y Patricia pagaron los 42,680 pesos, además de las terapias, los salarios perdidos y la reparación de los equipos. Los fondos restantes en la cuenta quedaron destinados a compensaciones y obligaciones fiscales.

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