Sabía cuándo Mateo tuvo fiebre.
Sabía cuándo aprendió a caminar.
Sabía que el niño preguntaba por su madre.
Nunca le dijo la verdad.
Cuando Renata declaró, Adrián la observó con la expresión tranquila que había usado en el hospital. Ella reconoció el intento de intimidarla y comprendió que ya no funcionaba.
—¿Por qué tardó tanto en denunciar? —preguntó la defensa.
—Porque durante años confiaba en el hombre que dormía a su lado.
—¿Busca venganza?
—Busca que ninguna mujer vuelva a despertar con una parte de su cuerpo amputada por orden de su esposo.
—¿Desea quedarse con la empresa?
—La empresa ya era suya antes de que él falsificara los documentos.
Adrián perdió el control.
—¡Sin mí no habrías construido nada! —gritó desde su asiento—. Tu madre te dejó acciones porque sabía que nunca podrías dirigirlas.