Durante 4 años, lloró frente a una urna creyendo que contenía las cenizas de su hijo, hasta que descubrió que su esposo había ordenado en secreto la cirugía: “Elegí salvarte”, mintió… pero su amante embarazada reveló dónde vivía el hijo que habían declarado muerto.

—Nadie se mueve —gritó—. Todo este lugar está preparado para arder.

Elisa, que escuchaba desde la unidad de vigilancia, reconoció en la transmisión un sonido metálico: Adrián había activado un temporizador.

Los agentes avanzaron.

Él presionó el botón.

Nada ocurrió.

Lorena apareció detrás de los policías, sostenida por una paramédica.

—Cambié el control antes de que salieras de la ciudad —dijo—. Ya no vas a usar a ningún niño para salvarte.

Adrián se abalanzó sobre Renata, pero fue derribado y esposado.

Cuando se lo llevaban, gritó que Mateo no era hijo suyo y que Renata jamás podría demostrar lo contrario.

El niño se aferró al vestido de su madre.

—¿De verdad tardaste porque no me querías?

Renata cayó de rodillas frente a él.

—Tardé porque me dijeron que habías muerto. Pero desde hoy no habrá una sola noche en la que no sepas que fui a buscarte.

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