—¿Vas a darle todo?
—Voy a hacerle creer que todavía puede ganar.
La respuesta de Adrián llegó casi de inmediato. Exigió que Renata acudiera sola a un hotel abandonado cerca de Acapulco, llevara los certificados originales y firmara la cesión ante un notario elegido por él.
La Fiscalía preparó documentos falsos y colocó un rastreador en la carpeta. Renata se negó a usar chaleco visible para no despertar sospechas.
El hotel había quedado vacío después de un huracán. En el vestíbulo roto, Adrián esperaba con Mateo sujeto por el hombro. El niño era delgado, de cabello oscuro y expresión seria. Tenía los mismos ojos almendrados de Renata.
Ella sintió que el mundo se reducía a aquel rostro.
Mateo observó la fotografía que llevaba doblada en la mano y luego la miró.
—¿Tú eres la señora que iba a venir?