Durante los ocho meses anteriores habían salido cantidades diferentes, algunas de cinco mil pesos y otras superiores a treinta mil.
En total, los movimientos sumaban casi 230 mil pesos.
Dinero que habíamos ahorrado durante años.
—¿Reconoces esta empresa? —preguntó la licenciada Patricia Morales, nuestra abogada.
Negué con la cabeza.
El nombre que aparecía en los comprobantes era Servicios Integrales del Occidente.
Tomás buscó entre los documentos que habíamos logrado reunir.
—Daniela, ¿no se llama Mauricio el amigo con el que Rodrigo supuestamente estaba haciendo negocios?
Sentí que se me helaba la sangre.
Mauricio era el mejor amigo de mi esposo desde la preparatoria. Había asistido a nuestra boda y había cenado incontables veces en nuestra casa.
La abogada confirmó que Mauricio figuraba entre las personas vinculadas a aquella empresa.
Aquello no demostraba que hubieran cometido un delito. Pero sí revelaba algo que Rodrigo me había ocultado deliberadamente.