Después del accidente, mi esposo me dejó sola en el hospital y me dijo con desprecio: “Llama a alguien que sí te necesite”. Llevábamos siete años casados, pero ni siquiera quiso acercarme un vaso de agua. En lugar de suplicarle, llamé a mi hermano después de ocho años de silencio. Lo que descubrimos sobre nuestros ahorros de 230 mil pesos hizo que mi esposo cambiara de actitud repentinamente…

—Daniela, necesito que confirme algo. ¿Su esposo sabía que usted estaría hospitalizada varios días?

—Claro que sí. ¿Por qué?

La abogada giró la computadora hacia mí.

La última transferencia se había realizado apenas cuarenta y ocho horas después del accidente.

Y cuando vi la cantidad, comprendí que Rodrigo no solamente había aprovechado mi silencio durante años.

También había aprovechado que yo estaba inmovilizada en un hospital para intentar vaciar lo último que nos quedaba.

Pero todavía faltaba descubrir a quién estaba enviando ese dinero… y por qué parecía tan desesperado por impedir que mi hermano se acercara.

PARTE 3

La transferencia era de 42 mil 800 pesos.

Había salido de nuestra cuenta conjunta un domingo por la mañana, mientras yo seguía hospitalizada, con la pierna inmovilizada y sin poder levantarme para ir al baño.

No era la primera operación sospechosa.

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