“Genial”.
Le apunté con el móvil.
“¿Por qué veinticinco minutos para Adele fueron más fáciles que doce minutos para las niñas?”.
“Tenemos que hablar”.
Miró la pantalla.
Sasha se inclinó sobre su hoja de matemáticas.
“Doce es más pequeño”.
Nicki también miró.
“Mucho más pequeño”.
Harold cerró los ojos.
“Gracias a las dos”.
Miró la pantalla.
“De nada”, dijo Nicki.
Casi sonreí.
Harold acercó una silla.
“No se trata de los minutos”.
“¿Entonces de qué?”.
Me miró.
“¿Y de qué va entonces?”.
“No se trata de los minutos”.
Por una vez, no respondió enseguida.
Sasha borró algo de su hoja de ejercicios.
Nicki contó con los dedos.
Al final, Harold dijo: “A Adele le gustó”.
Me quedé mirándolo.
“A Adele le gustó”.
Se frotó el pulgar por el borde de la mesa.