Me quedé mirando la cesta de la ropa sucia.
Al final, dejé de preguntarle porque corregir las mismas cosas me llevaba más tiempo que hacerlas yo misma.
Adele dijo: “Lo cuenta como si no le dejaras ayudar”.
Recogí uno de los calcetines de Nicki.
“No”.
“¿No?”.
“Solo dejé de preguntarle”.
“Da la impresión de que no le dejas echar una mano”.
Después de colgar, abrí la app de rutas en mi móvil.
De casa al colegio y luego a la oficina de Harold.
Doce minutos más.
Luego metí la dirección de Adele.
Veinticinco.
Dejé ambas rutas en la pantalla.
Abrí la app de rutas en mi móvil.
Harold llegó a casa justo después de las seis.
Las niñas estaban haciendo los deberes en la mesa.
Dejó las llaves sobre la mesa.
“Tenemos que hablar”.