Asistimos únicamente las personas involucradas.
Mi madre pidió hablar primero.
Se levantó frente a Patricia.
—Hace veintitrés años reclamé públicamente una deuda que tenías conmigo. Necesitaba ese dinero para atender a mi esposo, pero eso no justificaba humillarte. Te pido perdón delante de todos, como debí hacerlo entonces.
Patricia permaneció inmóvil.
Por un instante pareció emocionada.
Pero mi madre continuó:
—Mi hija no estaba en aquel mercado. Nunca te hizo daño. Si quieres reclamarme algo, reclámamelo a mí. Ella no te debe nada.
El silencio fue absoluto.
Entonces don Ernesto habló de la grabación, de la cámara y de las declaraciones de Julia y Miguel.
Patricia intentó negarlo todo.
Hasta que se volvió hacia Daniel.
—Tú sabes que Valeria tomó esa bebida por su voluntad. Díselo.
Mi esposo parecía aterrado.
Pasaron varios segundos.
Finalmente respondió:
—No, mamá. Yo la sujeté mientras tú la obligabas.