Quería justicia, no venganza.
El descubrimiento decisivo llegó cuando se recuperó una versión más extensa de las imágenes almacenadas por la cámara del reloj.
Patricia había compartido una copia recortada, pero no había eliminado todo el material original.
Me permitieron revisar las escenas relacionadas conmigo.
Primero aparecía el dormitorio vacío.
Después entraba don Ernesto.
Observaba el reloj, descubría la cámara y examinaba el vaso que su esposa había dejado sobre una mesa.
Minutos más tarde, Patricia aparecía sujetándome del brazo.
Yo apenas podía caminar.
En las imágenes se veía claramente cómo me empujaba al dormitorio.
También se observaba mi intento inútil de abrir la puerta.
Don Ernesto me señalaba el reloj, apartaba una silla de la cama y mantenía distancia mientras yo intentaba recuperar el equilibrio.