—Porque Leticia y Federico te van a quitar todo. Déjame representarte.
—No.
—Seguimos casados.
—Eso no te da derecho a mi herencia.
Mauricio apretó la mandíbula.
—¿Gabriel te está llenando la cabeza?
—Tus decisiones hicieron suficiente.
Él respiró hondo.
—Sí tuve una relación con Claudia. Fue un error.
—¿De cuánto tiempo?
—Meses.
Adriana sintió dolor, pero ya no sorpresa.
—Gracias por confirmarlo.
—Podemos superarlo.
—¿También puedo superar que le dijeras a Federico que, si me asustaban, yo firmaría lo que fuera?
Mauricio levantó la cabeza.
—Ese imbécil habló de más.
Y se delató.
Adriana guardó silencio.
—No quise decir eso —murmuró él.
—Sí quisiste.
—Solo intentaba cerrar el proyecto. Federico decía que su madre controlaría la empresa cuando Ernesto muriera.
—Entonces sabías que yo podía ser heredera.
Mauricio tardó demasiado en responder.
—Lo mencionó como posibilidad.
—Y aun así me dejaste tirada en una terminal.
—¡Porque estabas desafiándome por una tontería!
La frase quedó suspendida en el aire.
Teresa apareció en la puerta.
—La reunión terminó.
Mauricio miró a Adriana.
—Si cancelan el contrato, me van a correr.
—Entonces habla con tu empresa.
—¡Tú puedes evitarlo!
—Ahora sí soy útil.
Horas después, Constructora Vértice lo suspendió. Había ocultado su relación con Federico, presionado para aumentar el anticipo y cobrado un bono condicionado al cierre.
Mauricio empezó a llamar.
Primero exigió.
Luego insultó.
Después rogó.
Finalmente escribió:
“Claudia y Federico me metieron en esto. Puedo contarte todo. Ayúdame”.
Teresa le aconsejó no bloquearlo.
Al día siguiente, Claudia fue citada por la Fiscalía. Una hora después de salir, Mauricio apareció en el departamento temporal de Adriana.
Rafael permitió la entrada porque todo quedaría grabado.
Mauricio llegó con barba de varios días y la camisa arrugada.
—¿Estás contenta? Me suspendieron. Quieren que devuelva el bono. La Fiscalía me está investigando.
—Yo no preparé ese contrato.
—Pero tú lo destruiste.
—La auditoría lo destruyó.
Mauricio caminó nervioso.