El final llegó el 25 de enero de 2006.
Esa tarde, Juana entró en el domicilio de Ana María de los Reyes Alfaro, una mujer de 89 años que vivía en la colonia Moctezuma. La estranguló. Pero cuando salía de la casa, un vecino la vio. Dio la voz de alarma. La policía la persiguió por las calles y la detuvo.
En el momento de su captura, Juana llevaba todavía objetos robados de la última víctima.
Confesó algunos crímenes. Negó otros.
El 31 de marzo de 2008 fue condenada a 759 años de prisión.
La sentencia más alta impuesta a una mujer en la historia reciente de México.
Hoy cumple su condena en el penal de Santa Martha Acatitla. Tiene más de 65 años. Sufre problemas graves de salud. Y aunque con el tiempo ha negado su culpabilidad y ha asegurado que la obligaron a confesar, el miedo que generó sigue vivo en la memoria de quienes recuerdan aquellos años en los que las abuelas de la capital ya no se atrevían a abrir la puerta.
Porque a veces el monstruo no llega con violencia.
A veces llega sonriendo…
y ofreciendo ayuda.
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