Mi esposo protegió a su amante después de que supuestamente encerrara a nuestra hija en el coche hasta asfixiarla: “Si denuncias, te divorcio y te vas sin un peso”. Delante de toda su familia saqué los estados de cuenta, rechacé su acuerdo y llamé a la policía. Nadie esperaba que las cámaras mostraran a otro niño con el abrigo de mi hija.

PARTE 3

La imagen provenía de un automóvil estacionado frente al cajón de Sofía.

Era un Tesla blanco con modo centinela. A las 6:58 de la mañana, la cámara grabó a Santiago entrando al estacionamiento con guantes de látex. Abrió la camioneta de su esposa, sacó de una bolsa negra un recipiente metálico y lo acomodó detrás del asiento trasero.

Luego cerró parcialmente las rejillas de ventilación.

El video no tenía sonido, pero no lo necesitaba.

Santiago se quedó inmóvil. El abogado de la empresa, que acababa de llegar con una carpeta bajo el brazo, dejó de caminar.

—Eso no prueba que yo quisiera matar a nadie —balbuceó Santiago—. Era un limpiador. Sofía lo había comprado.

El investigador deslizó el dedo sobre la tableta.

—La compra se hizo con una cuenta vinculada a usted. El paquete fue recibido en su oficina. Además, encontramos conversaciones eliminadas en el teléfono de la señora Valeria.

Valeria levantó la cabeza de golpe.

—No pueden revisar mi teléfono sin permiso.

—Podemos hacerlo con una orden judicial —respondió el agente—. Y ya la tenemos.

En la pantalla aparecieron los mensajes.

Santiago: “Mañana usa la camioneta de Sofía. El olor la va a marear cuando maneje. Si choca, parecerá que llevaba químicos de su negocio”.

Valeria: “¿Y si va con Renata?”

Santiago: “La niña estará en el preescolar. Tú solo asegúrate de que Sofía recoja el coche después de la comida”.

Valeria: “Luego firmas el divorcio y dices que es irresponsable”.

Santiago: “Con una causa penal pierde la casa y la custodia. Yo quedo libre”.

El plan no era matar a Renata. Era provocar que Sofía se intoxicara al conducir, sufriera un accidente y quedara como una mujer negligente que almacenaba productos peligrosos para su negocio. Santiago quería divorciarse sin repartir los bienes que ella había pagado y proteger su ascenso corporativo.

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