—Gabriel siempre quiso apartar a Valeria de nosotros.
—¿Apartarla o permitirle decidir por sí misma? —preguntó Jimena.
—Antes de conocerlo, ella obedecía. Ayudaba a su hermana. Entendía que la familia estaba por encima de cualquier hombre.
Valeria escuchó la palabra “obedecía” y comprendió de golpe toda su infancia.
Amalia no había criado hijas. Había criado deudas que esperaba cobrar durante el resto de su vida.
Gabriel había interrumpido ese sistema. Emilia, con su necesidad de amor y protección, había terminado de destruirlo.
Fernanda comenzó a llorar.
La jueza pidió un receso. Durante esos minutos, Fernanda solicitó hablar con Jimena sin la presencia de Amalia.
—Mi mamá me prometió que, si conseguíamos que un juez declarara inestable a Valeria, ella administraría el dinero de Emilia —confesó—. Dijo que el fideicomiso pagaría una casa para ella y cubriría mis gastos.