A medida que envejecemos, el organismo experimenta cambios que pueden afectar a la cantidad y la calidad del músculo. Uno de ellos es la sarcopenia, un trastorno caracterizado por la pérdida progresiva de fuerza y masa muscular que se vuelve más frecuente con la edad.
Este proceso no afecta a todas las personas de la misma manera. Algunas mantienen una buena movilidad durante muchos años, mientras que otras experimentan dificultades relacionadas con el sedentarismo, enfermedades crónicas, una alimentación insuficiente o periodos prolongados de inactividad.
Entre los factores que pueden contribuir a la pérdida de fuerza se encuentran:
La disminución de la actividad física y de los ejercicios de resistencia.
El consumo insuficiente de proteínas y energía.
La recuperación incompleta después de una enfermedad o una hospitalización.
Algunos problemas de salud que afectan a los músculos, los nervios o las articulaciones.
Determinados medicamentos y cambios en el apetito.
Las dificultades para dormir o mantener una alimentación variada.
La buena noticia es que envejecer no significa renunciar a la fuerza muscular. Muchas personas mayores pueden mejorar su capacidad para caminar, levantarse, mantener el equilibrio y realizar actividades cotidianas mediante medidas adaptadas a su condición física.
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