Ahora comprendía que estaba haciendo un inventario.
Natalia contactó a la unidad de delitos patrimoniales de Jalisco. Esa misma tarde, el agente Gabriel Lomelí recibió las fotografías, los registros del sello de Héctor y pruebas de que él se encontraba en otros estados cuando supuestamente había firmado los dictámenes.
Gabriel examinó la nota dirigida a Tomás.
—Esto no demuestra el fraude, pero demuestra cómo piensan —dijo—. Para ellos, quien no pertenece puede ser abandonado. Quien no tiene familia cercana puede ser despojado.
—Quiero que entren al departamento ahora.
—Necesitamos una orden. Si actuamos sin cuidado, alegarán manipulación de pruebas.
—Mi esposa regresa en 4 días.
—Eso nos favorece. Deben creer que nadie descubrió nada.
Héctor volvió a casa y comenzó la actuación más dolorosa de su vida. Contestó los mensajes de Rebeca con frases breves. Le dijo que el trabajo en Monterrey había terminado bien y evitó mencionar a Tomás.