La nota del refrigerador estaba enmarcada junto al escritorio de Héctor.
“Tomás no fue invitado porque no lleva nuestra sangre.”
Algunos visitantes preguntaban por qué conservaban una frase tan cruel.
—Porque olvidar la crueldad facilita que alguien vuelva a repetirla —respondía Héctor.
Después de la graduación, padre e hijo llevaron 2 sillas al jardín. El jazmín que Mariela había plantado cubría parte de la pared.
Tomás llevaba el relicario debajo de la camisa.
—¿Crees que mamá estaría orgullosa?
Héctor contempló al joven en que se había convertido aquel niño abandonado.
—Estaría orgullosa de la persona que elegiste ser.
—¿Y de ti?
—Diría que todavía trabajo demasiado y sigo quemando el café.
Tomás se echó a reír.
Permanecieron en silencio mientras las luces de Zapopan comenzaban a encenderse. Desde una casa cercana llegó el ruido de una lavadora entrando en su último ciclo.