Tenía 70 años, estaba jubilado y vivía solo. Aun así, decidió hacer todo lo posible para convertirse en su padre.
Comenzó un largo proceso de evaluaciones, entrevistas y procedimientos legales. Meses después, finalmente recibió permiso para adoptarla.
La llamó Hope, que significa «Esperanza». Y decidió que el día en que la encontró sería también el día en que celebraría su nuevo cumpleaños.
La recuperación no fue sencilla.
Hope tenía miedo de las camas, de los platos e incluso del contacto físico. Había aprendido a vivir esperando el peligro.
Pero poco a poco, las cosas empezaron a cambiar.
Aprendió a sonreír. Comenzó a comunicarse con gestos. Volvió a confiar en las personas.
Y, sobre todo, descubrió que existían lugares donde nadie iba a hacerle daño. Pasaron los años.
Cuando Hope cumplió siete, comenzó a acompañar a Morrison en su motocicleta, sentada a su lado en el sidecar.