Mantén horarios regulares. Intenta acostarte y levantarte a horas similares todos los días. La regularidad ayuda a estabilizar el ritmo de sueño.
Reduce la cafeína por la tarde. Si eres sensible a sus efectos, evita consumir café, bebidas energéticas y otros productos con cafeína durante las horas previas al descanso.
Crea una rutina relajante. Leer un libro, tomar una ducha tibia o practicar respiraciones tranquilas puede ayudarte a prepararte para dormir.
Limita las siestas largas. Si necesitas dormir durante el día, procura que la siesta sea breve y no demasiado tarde.
No te obligues a dormir. Si permaneces despierto y cada vez te sientes más frustrado, levántate temporalmente y realiza una actividad tranquila con poca luz. Regresa a la cama cuando vuelva la somnolencia.
Registra tus hábitos. Durante una o dos semanas, anota la hora de acostarte, los despertares, el consumo de cafeína, las siestas y cómo te sientes al levantarte. Este registro puede ayudarte a reconocer patrones.
¿Cuándo conviene consultar a un profesional?