—Valeria, yo creí la prueba que me enseñó —dijo él—. Decía que no eran míos.
Gabriel buscó entre los archivos y mostró una copia.
—Fue emitida por Laboratorios San Jerónimo, una empresa inexistente registrada a nombre del chofer de su madre.
—No lo sabía.
—Pero tampoco preguntaste —replicó Valeria—. Querías una razón para despreciarme.
—Estaba asustado.
—Yo también. Había pasado 10 días sin dormir, tenía dolor, sangrado y 2 bebés dependiendo de mí. Aun así, jamás pensé en lanzarte a la calle.
Rodrigo bajó la cabeza.
Una camioneta vieja entró por el portón. No tenía cristales oscuros ni escoltas. Del asiento trasero descendió una mujer delgada, de cabello gris recogido y abrigo azul.
Teresa Moreno caminó con lentitud, aferrada a una bolsa de plástico que contenía carpetas amarillentas.
Al ver a Rodrigo, se quedó inmóvil.