Su hija alcanzó a susurrar “Papá, ayúdame” antes de que la llamada muriera; al llegar, encontró al yerno con un bate y una frase escalofriante: “Tuvo que ser disciplinada”… pero la mansión escondía algo peor.

Beatriz negó con la cabeza.

—No pueden probar nada.

Teresa sacó una fotografía gastada. Mostraba a una joven Beatriz saliendo por una puerta lateral del hospital con un recién nacido en brazos.

En la parte posterior había una nota:

“Se llevó al niño Moreno. El bebé Alcázar nació sin vida.”

Rodrigo tomó la imagen.

La estudió durante varios segundos.

—¿Tu hijo murió? —preguntó a Beatriz.

La mujer endureció el rostro.

—Tu padre iba a abandonarme. Necesitaba un heredero.

—Entonces robaste uno.

—Te crié. Te di educación, viajes, propiedades y un futuro.

Teresa soltó un sollozo.

—Y a mí me dio una tumba vacía.

Beatriz la señaló.

—Mírate. ¿Qué habrías podido ofrecerle?

—Amor —respondió Teresa—. Algo que usted nunca aprendió a dar sin ponerle precio.

Rodrigo se derrumbó sobre el escalón.

No lloró de inmediato. Primero permaneció quieto, con la fotografía entre las manos. Luego surgió de su pecho un sonido bajo, casi infantil.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *