Observar cambios y anotarlos con hora aproximada, sin sacar conclusiones precipitadas.
Buscar comodidad: ambiente tranquilo, contacto respetuoso y ayuda profesional.
Respetar las decisiones y preferencias conocidas de la persona.
Pedir apoyo emocional, espiritual o psicológico si la familia lo necesita.
Consultar ante dolor, angustia, agitación o dificultad respiratoria.
Las señales del final de la vida no deben usarse para predecir una hora exacta ni para sustituir una evaluación clínica. Su utilidad está en ayudar a reconocer que pueden estar cambiando las necesidades de cuidado. Con información prudente, acompañamiento atento y apoyo profesional, la familia puede concentrarse en ofrecer calma, respeto y cercanía.
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