
La verdad incómoda es esa: lo barato casi nunca sale en pantalla. Lo que sí sale es el frasco elegante, la cápsula cara y la promesa inflada. Mientras tanto, el romero sigue ahí, haciendo trabajo de fondo sin pedir permiso.
Lo que tu cuerpo siente cuando la digestión se atora
Cuando el hígado se vuelve lento y la vesícula no empuja la bilis como debe, la comida se queda dando vueltas como camión detenido en hora pico. El resultado es ese peso después de comer, la panza dura, los gases que aprietan y la sensación de que cualquier bocado te deja más cansado que antes.
El romero mete una oleada de impulso en ese sistema. No lo acaricia: lo despierta. Es como echarle aceite a una bisagra oxidada que llevaba años chillando cada vez que intentabas abrir la puerta.