Ante una escena amplia y poco definida, cada persona puede fijarse en contrastes diferentes. Las zonas oscuras, los bordes de las rocas y las superficies blancas de nieve forman un conjunto ambiguo. Para alguien, esa combinación puede sugerir la cabeza y el cuerpo de un animal prehistórico; para otra persona, puede parecer un grupo de personas o una figura en movimiento.
No significa necesariamente que una interpretación sea correcta y la otra equivocada. La imagen ofrece señales incompletas, y el cerebro intenta completar lo que falta usando formas conocidas. La experiencia previa, la atención y las expectativas pueden influir en cuál aparece primero.
Un pequeño experimento de observación
Para comprobarlo, observa una imagen de este tipo durante unos segundos y describe primero sus elementos objetivos: nieve, sombras, crestas y superficies rocosas. Después pregunta qué figura te sugiere el conjunto. Separar la descripción de la interpretación ayuda a notar cómo la mente pasa de los datos visuales a una historia reconocible.