Las emociones y el cuerpo están conectados. Durante periodos de estrés, una persona puede tensar involuntariamente los músculos del cuello, los hombros y la mandíbula. Si esta tensión se mantiene durante mucho tiempo, puede contribuir a generar molestias, rigidez o sensación de cansancio muscular.
El estrés también puede afectar el sueño, aumentar la sensibilidad al dolor y dificultar la recuperación de determinadas molestias.
Por ejemplo, alguien que atraviesa una etapa laboral complicada puede pasar muchas horas frente a una computadora, encoger los hombros sin darse cuenta y descansar menos de lo habitual. La combinación de postura, tensión muscular y falta de sueño podría favorecer el dolor.
Sin embargo, esto no significa que todas las molestias del hombro tengan un origen emocional. Las lesiones de tendones, la inflamación, la artritis y otros problemas físicos también pueden producir síntomas similares.