Durante 12 años, Gabriel había recordado aquella firma apresurada que destruyó su vida.
Esta vez leyó hasta la última línea.
Y cuando finalmente firmó, su mano no tembló.
—Felicidades —murmuró Ricardo—. Ahora eres socio.
Gabriel lo observó con tristeza.
—¿Sabes qué es lo peor? Durante años pensé que recuperar mi parte me haría feliz.
—¿Y no lo eres?
—Me alegra que por fin hayamos llegado a un acuerdo justo. Pero eso no devuelve los años que perdimos. Ni convierte automáticamente a dos desconocidos en hermanos.
Ricardo guardó silencio.
Gabriel salió sin estrecharle la mano.
No había conseguido una familia perfecta.
Había conseguido que su hermano dejara de decidir por él.
Poco después, el hospital concluyó la investigación contra Valeria Mendoza.
No encontró pruebas de las irregularidades denunciadas por Ricardo.
La doctora recuperó todas sus funciones quirúrgicas.
Cuando Gabriel fue a agradecerle, ella le ofreció una sonrisa cansada.