Por primera vez en mucho tiempo escuchaba a mi hijo hablar de soluciones que no dependían de mi cuenta bancaria.
Después sacó un sobre.
Dentro había una carta escrita a mano.
—Te la hice porque no sabía cómo decirte todo esto mirándote a los ojos.
No abrí el sobre inmediatamente.
Ricardo respiró profundamente.
—Fui un cobarde, mamá. Permití que Fernanda te tratara mal porque discutir con ella me parecía más difícil que pedirte otro favor. Y también te mentí. No puedo echarle toda la culpa a mi esposa. Yo hice cosas que estuvieron mal.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Cuando papá murió, prometí que iba a cuidarte. Y terminé aprovechándome de ti.
Sentí que se me apretaba la garganta.
Mi hijo continuó:
—Ya eliminamos tu nombre de las presentaciones y enviamos las rectificaciones que nos pidió tu abogada. También quiero empezar a devolverte el dinero que te pedí mediante engaños. Sé que no puedo arreglarlo todo de inmediato.