La ternura familiar tiene un gran valor, pero no debe convertirse en una obligación de parecer siempre feliz ni en una explicación para todo. La aceptación más profunda reconoce a la persona en los días luminosos y en los difíciles, sin exigirle que sea una lección para nadie.
Al final, sentirse hermosa puede comenzar con una mirada cercana, pero se fortalece cuando toda la sociedad aprende a respetar la diversidad. La belleza no necesita justificar una existencia: puede estar en la individualidad, en los vínculos y en la libertad de ser visto como una persona completa.
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