Le deseé suerte.
Pero unos minutos después de que su auto desapareció por la calle, tomé mis llaves y lo seguí.
Por primera vez en once años de matrimonio, fui detrás de mi esposo sin que él lo supiera.
Lo seguí manteniendo distancia. Primero tomó el camino habitual, pero al llegar al cruce donde siempre giraba hacia su oficina, continuó de frente.
Mi corazón se aceleró.
Veinte minutos después llegó a una zona que casi nunca visitábamos. Se estacionó frente a un edificio de ladrillo rojo que yo no reconocía.
Bajó con su computadora y entró con seguridad, como alguien que ya conocía ese lugar.
Me quedé dentro del auto intentando entender lo que estaba viendo.
Entonces, unos minutos después, la puerta se abrió.Eliam salió.
Pero no estaba solo.
La persona que apareció junto a él era alguien que jamás habría imaginado encontrar ahí.