—Pensé que nunca ibas a decir la frase —susurró.
—Yo también.
Clara me contó lo que Mauricio le decía cuando intentaba localizarme.
—Me decía que estabas enojada conmigo —explicó—. Y yo terminaba creyéndolo.
Le mostré los mensajes que él había enviado desde su propio número: “No sales hasta que aprendas a comportarte” y “Si vuelves a revisar las cuentas, vas a necesitar algo más que terapia”. Clara leyó sin hablar. Después me sostuvo la mano mientras una agente de investigación tomaba mi declaración.
La agente, Irene Valdés, no prometió meter a Mauricio a prisión aquella misma noche. Me explicó cómo presentar formalmente la denuncia, solicitar medidas de protección y entregar los documentos conservando los originales. Preguntó si estaba dispuesta a que un perito revisara mis lesiones y si tenía un domicilio donde él no pudiera encontrarme.