Los hongos prosperan especialmente en ambientes cálidos y húmedos. El uso prolongado de zapatos cerrados, caminar descalzo en duchas o vestuarios públicos y mantener los pies húmedos durante mucho tiempo pueden favorecer su desarrollo.
El riesgo también puede aumentar con la edad, una lesión previa en la uña, el pie de atleta y determinadas enfermedades que afectan la circulación o las defensas del organismo.
Compartir cortaúñas, limas, zapatos o determinados artículos personales también puede facilitar la propagación de microorganismos.
¿Cómo reconocer una posible infección?
Una infección por hongos puede producir cambios visibles en la uña. Entre los más habituales se encuentran:
Coloración amarilla, blanca o marrón.
Engrosamiento progresivo.
Uñas quebradizas o que se desmoronan.
Separación parcial de la uña de la piel.
Acumulación de residuos debajo de la uña.
Cambios en la forma de la uña.