La empresa estaba controlada por Víctor mediante 2 sociedades fantasma. El supuesto prestamista pertenecía a Rebeca bajo otra identidad. Los contratistas que recibirían los pagos estaban vinculados con antiguos colaboradores.
Si Elena hubiera firmado, su edificio habría sido transferido a la nueva sociedad. El prestamista liberaría una cantidad mínima y registraría un crédito mucho mayor. Los contratistas emitirían facturas falsas, retirarían el dinero y provocarían el incumplimiento.
Después, la empresa de Rebeca ejecutaría la garantía.
Víctor controlaría al deudor.
Rebeca controlaría al acreedor.
Ambos controlarían a quienes cobrarían por una construcción que nunca terminaría.
Elena habría conservado el 40 % de una empresa vacía y endeudada.
El mismo método había sido usado contra Joanna Pérez, dueña de un edificio de departamentos en Puebla.
Víctor y Rebeca enfrentaron cargos por asociación delictuosa, uso de documentos falsos, intento de despojo, acceso ilícito a sistemas, falsificación notarial y fraudes cometidos en 4 estados.