Una forma práctica de organizar el plato es incluir una porción de verduras o frutas, una fuente de proteína y un alimento que aporte energía, como avena, arroz, pan integral, patata o legumbres. La cantidad adecuada depende de las necesidades individuales, el apetito y el nivel de actividad.
Alterna proteínas animales y vegetales.
Incluye alimentos ricos en fibra de forma habitual.
Prefiere preparaciones sencillas y variadas.
Bebe líquidos con regularidad, especialmente cuando hace calor o hay actividad física.
Evita basar la alimentación en un único producto o suplemento.
La comida no es el único factor
La fuerza y la energía también se relacionan con el descanso, el movimiento y la recuperación. Caminar, realizar ejercicios suaves de movilidad o practicar actividades de fortalecimiento adaptadas a cada persona puede complementar una alimentación adecuada. Si existe una limitación física, conviene elegir actividades apropiadas para la situación personal.
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