El orden importa: Primero la receta, luego la caminata. No al revés. Alimentar las piernas antes de realizar un movimiento exigente es clave para no fallar.
Escucha a tu cuerpo: si alguna receta te resulta pesada, reduce las cantidades a la mitad. Empieza con porciones pequeñas y auméntalas según tu tolerancia.
No esperes que tus piernas se cansen de repente. La energía no regresa por arte de magia, regresa cuando la alimentas. Y un plátano con avena, acompañado de pasos cortos pero constantes, es el mejor remedio que puedes tener a tu alcance. Tus piernas tienen memoria. ¡Despiértalas!
