La joven observó a aquella familia con desconfianza y esperanza.
—¿Por qué me ayudarían?
Elena recordó el agua fría, el medio sándwich y la mujer de cabello plateado que no exigió explicaciones.
—Porque alguien hizo lo mismo por ella cuando creyó que el camino había terminado.
Llamaron a una patrulla para acompañarlas y siguieron juntas hacia Aguascalientes.
Durante años, Elena pensó que aquella gasolinera era el lugar donde su esposo la abandonó.
Finalmente comprendió la verdad.
Fue el lugar donde dejó de abandonarse a sí misma.
Siempre existiría una tristeza silenciosa por la mujer que había sido, por los años que Víctor perdió con Mateo y por Teresa, cuya camioneta azul nunca volvería a aparecer en una curva.
Pero la tristeza y la gratitud podían habitar el mismo corazón.
También podían hacerlo las cicatrices y la alegría.