Usa la cebolla como parte de comidas variadas, no como tratamiento.
No afirmes que elimina virus, bacterias o “toxinas” del ambiente.
Conserva los restos tapados y refrigerados.
Suspende su consumo si causa una reacción importante.
Busca atención profesional ante dificultad para respirar, dolor en el pecho, confusión, labios azulados, fiebre persistente o un empeoramiento marcado.
En resumen, la cebolla es un alimento nutritivo y versátil que puede resultar reconfortante dentro de una sopa o una comida ligera. Sus compuestos vegetales son interesantes, pero no justifican promesas de curación ni de protección frente a infecciones. Disfrutarla en la cocina, conservarla correctamente y mantener expectativas realistas es la forma más segura de aprovecharla.