Que el reconocimiento exterior comienza con el respeto propio.
No naciste para imitar. Naciste para volar. A tu manera. Con tu historia. Con tu voz. Con tu luz y con tus sombras.
Ámate como eres. Solo así podrás volver a volar.
R
del bosque alzaron la vista:
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—Mira al cuervo —dijo un zorro.
—Qué presencia, qué vuelo tan libre —murmuró una liebre.
—Siempre estuvo allí… y no lo vimos —susurró un ciervo.