La morera negra es originaria de Persia y se extendió durante siglos por distintas zonas del Mediterráneo. Sus frutos maduros suelen presentar tonos que van del rojo oscuro al morado casi negro. Crecen agrupados y tienen una textura suave, por lo que se consumen mejor recién recolectados o poco tiempo después de comprarlos.
Su sabor combina dulzor con una acidez moderada. Puede comerse sola, añadirse a yogur natural, mezclarse con avena o utilizarse en ensaladas de fruta. También aparece en mermeladas y preparaciones caseras, aunque estas suelen incluir azúcar añadido y, por eso, no equivalen nutricionalmente a la fruta fresca.
Como otras bayas de color intenso, contiene fibra, vitaminas y polifenoles, entre ellos pigmentos llamados antocianinas. Estas sustancias contribuyen al color de la fruta y forman parte de los compuestos antioxidantes presentes en muchos vegetales. Eso no significa que neutralicen por sí solas todos los daños del organismo ni que sustituyan una dieta completa.