Al mes siguiente comenzaron a salir juntos.
Y poco a poco vi regresar a la mujer que había conocido antes de la muerte de mi padre.
Mi madre volvió a pintarse los labios.
Compró un perfume nuevo.
Se arreglaba el cabello antes de salir.
Y una tarde apareció en mi casa con un vestido rojo que jamás se habría atrevido a comprar durante sus años de viudez.
—¿Cómo me veo? —preguntó.
Camila levantó la mirada de su cuaderno.