Durante 7 meses, la suegra y la cuñada explotaron a la empleada y prepararon pruebas falsas para acusarla de robo; pero una transferencia enviada por una mujer “muerta” cambió para siempre la identidad del esposo

Ofelia había servido mole, arroz y tortillas, como si fuera una comida cualquiera. Patricia estaba sentada mirando su teléfono.

—Por fin —dijo—. Desbloquea la tarjeta. Tengo 14 pedidos pendientes.

Rodrigo dejó una factura sobre la mesa.

—Primero pagarás esto.

Patricia leyó la cantidad.

—¿42,680 pesos? ¿Por lavar ropa?

—Por 296 horas de trabajo no pagado, tratamiento médico, medicamentos, agua, electricidad, detergentes y daños a nuestros equipos —explicó Claudia.

Ofelia dejó la cuchara.

—Rosa trabaja limpiando. No entiendo el drama.

—Trabaja para nosotros, no para tus clientas —respondió Rodrigo.

—Somos familia. No deberíamos cobrarnos cada favor.

Claudia abrió la computadora y reprodujo una grabación.

La voz de Ofelia llenó el comedor.

—Si no terminas hoy, mañana mi anillo aparecerá en tu bolsa y llamaremos a la policía.

Patricia dejó de sonreír.

La siguiente grabación mostró a Rosa levantando una colcha mojada mientras lloraba. Otra mostraba a Ofelia bloqueando la salida. En una tercera, Patricia apretaba la muñeca de Rosa y le enseñaba una fotografía de Emiliano.

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