Casi 1 año después de que la renuncia arrugada cayó sobre la barra de la cocina, Emiliano se graduó como fisioterapeuta.
Rosa usó un vestido azul marino y ya no llevaba muñequeras. Cuando pronunciaron el nombre de su hijo, se levantó con tanta rapidez que casi tiró la silla.
Claudia la sostuvo del brazo.
—Con cuidado.
—Mi espalda está más fuerte.
Después de la ceremonia, Emiliano colocó su insignia profesional en la palma de Rosa.
—Esto te pertenece. Tú pagaste cada libro, cada transporte y cada comida.
Rosa cerró los dedos alrededor de la insignia.
—Hubo cosas que pagué con dinero y otras que casi pagué con mi cuerpo.
Rodrigo bajó la mirada.
—Pero ya no —añadió ella—. Ahora sé que trabajar con dignidad no significa aguantar humillaciones.
Adriana apareció al final de la ceremonia. Rodrigo caminó hacia ella y, por primera vez, la abrazó sin miedo a estar traicionando a alguien.