Otro aspecto que vale mencionar es que, incluso con la vacuna, tu estilo de vida sigue teniendo un papel fundamental. Dormir bien, mantenerte activo, comer lo más saludable posible e incluso manejar el estrés pueden influir en cómo responde tu sistema inmunológico. Aunque no lo parezca, el cuerpo funciona como una gran orquesta: si un instrumento desafina, afecta el resultado final. Y la vacuna, aunque poderosa, no puede hacer todo el trabajo sola.
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También es importante recalcar que existirán variaciones en la duración de la inmunidad. Algunas personas pueden mantener niveles altos de protección durante mucho tiempo, mientras que otras pueden ver cómo disminuyen gradualmente. Por eso en muchos países se implementaron los refuerzos. No fue un capricho ni una alarma exagerada: simplemente una estrategia para mantener al sistema inmunológico “actualizado”.
Salud