Emplea utensilios y recipientes bien limpios.
Usa agua potable y prepara cantidades pequeñas.
Mantén el producto refrigerado y descártalo ante cualquier cambio extraño.
No compartas el preparado ni lo guardes durante periodos prolongados.
Suspende su uso si causa molestia persistente.
Durante el día, protege la piel de la radiación solar con medidas adecuadas, especialmente si te preocupan las manchas.
El agua de arroz puede ser una experiencia cosmética económica y simple, siempre que se utilice sin promesas exageradas y con buena higiene. Observa cómo responde tu piel y recuerda que una rutina constante, suave y realista suele ser más útil que cualquier ingrediente presentado como solución universal.