—Claudia armó la estructura. Federico dijo que su madre controlaría la empresa. Yo pensé que era legal.
—¿Entonces por qué robaron documentos?
—Yo no robé nada.
—¿Cómo supiste del robo antes de que notificaran a tu empresa?
Él desvió la mirada.
—Claudia me llamó.
—¿Y qué quieres de mí?
—Detén la auditoría. Habla con el director. Diles que no presenten denuncia. Cuando recibas la empresa, podemos rehacer el contrato.
Adriana lo miró.
—Hace una semana decías que después de nueve años en casa yo ya no entendía de negocios. Hoy quieres que salve tu carrera.
—Somos familia.
—Nuestra familia terminó cuando cerraste la puerta del coche en la terminal.
Mauricio bajó la voz.
—Adriana, dime una cosa. ¿Qué necesitas para ayudarme?
—Que digas la verdad ante la Fiscalía aunque te perjudique.
Su rostro cambió.
—Si hago eso, puedo terminar procesado.
—Entonces ya sé por qué viniste.
Dos días después, el consejo canceló definitivamente el contrato y entregó el expediente a las autoridades.
Mauricio irrumpió en el edificio durante la reunión.
—¡Adriana, espera! Puedo declarar contra Federico y Claudia. Tengo mensajes, audios. Solo necesito que la empresa no me hunda.
—Los documentos ya fueron entregados.
—Te cedo el departamento. Te doy acceso a todas mis cuentas. Nos vamos de la ciudad y empezamos de nuevo.
—No quiero nada a cambio de mentir.
—¡Estoy pidiéndote perdón!
—No. Estás pidiendo rescate.
Mauricio miró a todos, humillado.
—¿Qué quieres? ¿Que me arrodille delante de ellos?
Hizo ademán de hacerlo.
Adriana levantó la mano.
—No quiero un espectáculo. Quiero verdad.
En ese momento Rafael recibió un mensaje.
—Acaban de detener a Federico.
Su teléfono contenía copias de documentos corporativos, las direcciones de Mariana, de la escuela de Diego y del antiguo departamento de Ernesto.
También había instrucciones para entrar a ese inmueble y sembrar comprobantes falsos que hicieran parecer que Gabriel había pagado por alterar el testamento.
La persona contratada para entrar fue detenida al presentarse disfrazada de técnico. Llevaba ganzúas, una cámara y transferencias bancarias falsificadas.
Federico entendió que el caso se había derrumbado y decidió colaborar.
Declaró que Claudia diseñó la ruta del dinero, que Mauricio conocía la estructura financiera y que Leticia sabía del certificado médico falso.
También reconoció que las fotografías de Mariana y Diego se usaron para presionar a Adriana.
Leticia negó todo.
Hasta que llamó furiosa a Adriana.
—Tú metiste a mi hijo en la cárcel.
Adriana puso el teléfono en altavoz. Teresa y Rafael estaban presentes.
—Federico eligió lo que hizo.
—Renuncia a la empresa y él declarará que actuó solo. Tu hermana dejará de tener problemas.
Adriana miró a Teresa.
—Entonces usted sabe quién tomó las fotos.
Hubo silencio.
—Yo no dije eso.
—La llamada está siendo grabada.
Leticia colgó.
Un mes después comenzó la audiencia por la impugnación del testamento.
El abogado de Leticia sostuvo que Ernesto estaba confundido y manipulado por Gabriel.
Teresa presentó la grabación realizada el día en que Ernesto otorgó testamento.
En el video, él dijo claramente su nombre, la fecha y el alcance de sus bienes.
Luego explicó su decisión.
—Adriana trabajó años en finanzas y nunca me pidió nada. Dejé pasar demasiado tiempo sin acercarme. Cuando supe que había dejado su profesión y dependía por completo de su esposo, entendí que lo único que podía devolverle era la posibilidad de elegir.
Después habló del contrato con Constructora Vértice y de su temor a que Federico utilizara empresas intermediarias para sacar dinero del anticipo.
El juzgado recibió además el informe médico verdadero, la respuesta de la clínica y el testimonio del doctor cuya firma había sido falsificada.
La cuidadora presentada por Leticia terminó admitiendo que apenas había visto a Ernesto y que recibió dinero para exagerar sus problemas de memoria.
La impugnación fracasó.