Después de echarme del coche frente a una terminal, mi esposo se burló: “Si mañana estoy de buenas, vendré por ti”. Yo llevaba 9 años dependiendo de él y solo tenía 480 pesos. No le rogué que regresara; hice una llamada y abrí un testamento que acababan de entregarme… sin imaginar que su nombre aparecía en el documento más peligroso.

Y la prueba que podía destruirlos a todos acababa de aparecer donde nadie esperaba encontrarla…

PARTE 3

La prueba estaba en una copia de seguridad que Ernesto había ordenado guardar fuera de los servidores habituales.

Durante la madrugada, alguien había entrado al archivo de una empresa vinculada al proyecto y robado tres carpetas: el convenio modificatorio, los cálculos del anticipo y el registro de autorizaciones. Los ladrones sabían exactamente qué buscar.

Lo que ignoraban era que Ernesto había mandado digitalizar todo.

Cuando Rafael abrió el respaldo frente a Adriana, Teresa y Gabriel, apareció un anexo que no figuraba en la versión entregada al consejo.

El documento permitía a Constructora Vértice cambiar proveedores después de recibir el anticipo sin autorización previa de Terminales Cárdenas.

En una hoja de cálculo aparecían porcentajes junto a varios nombres:

“M. Ortega”.

“C. Nájera”.

“F. Cárdenas”.

Adriana miró las iniciales de su esposo.

—¿Eso significa que iba a recibir dinero?

—Significa que alguien anotó un porcentaje junto a su nombre —respondió Teresa—. Para acusarlo formalmente habrá que probar qué sabía y quién elaboró la tabla.

La investigación avanzó rápido.

Una cámara de tránsito ubicó cerca del archivo un vehículo de un amigo de Federico. El conductor admitió haber llevado a dos hombres. Uno era exguardia de Constructora Vértice. En su casa encontraron parte de los documentos robados y un teléfono con mensajes borrados.

Mientras tanto, la clínica que supuestamente había emitido el certificado sobre Ernesto respondió al juzgado: era falso. El médico cuya firma aparecía ahí llevaba años sin trabajar en ese hospital y aseguró que jamás había atendido a Ernesto.

El golpe más duro llegó cuando los peritos recuperaron archivos borrados de la computadora de Claudia.

Había borradores del contrato, listas de empresas que recibirían el anticipo y conversaciones con Federico.

En una, Claudia escribía:

“Lo del certificado ya está. Conseguimos una firma vieja que parece auténtica”.

En otra:

“Si Mauricio logra que Adriana le firme poder, el problema se acaba”.

Adriana tuvo que releer esa frase.

Mauricio no estaba intentando recuperarla.

Estaba intentando recuperar el control.

Dos días después apareció en las oficinas con un ramo enorme.

Adriana aceptó verlo únicamente en una sala con cámaras y con Teresa cerca.

—Te ves bien —dijo Mauricio.

—¿Qué quieres?

—A mi esposa.

—La semana pasada la dejaste sin dinero en una terminal.

—Fue un arranque.

—No. Dijiste que me serviría para aprender a obedecerte.

Mauricio tragó saliva.

—El contrato puede salvar muchos empleos. Si lo cancelan, mucha gente va a pagar.

—La auditoría encontró empresas sin capacidad real.

—No entiendes cómo funciona la construcción.

Adriana casi sonrió.

—Entonces, si soy tan incapaz, ¿por qué quieres mi poder?

Él se inclinó hacia ella.

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