Después de echarme del coche frente a una terminal, mi esposo se burló: “Si mañana estoy de buenas, vendré por ti”. Yo llevaba 9 años dependiendo de él y solo tenía 480 pesos. No le rogué que regresara; hice una llamada y abrí un testamento que acababan de entregarme… sin imaginar que su nombre aparecía en el documento más peligroso.