La frase “quién ocupará su lugar” tampoco significaba una amante. Nicolás iba a ocupar mi lugar **dentro del modelo**. Arturo necesitaba demostrar que el sistema podía funcionar sin depender de mí antes de presentarlo formalmente. Por eso la cena había sido la “última demostración”: varios de aquellos amigos estaban involucrados en el proyecto y habían observado cómo funcionaba nuestra casa mientras yo atendía todo sin que Arturo interviniera.
—¿Me invitaste a servirles para demostrarles algo? —Quería que vieran que la estructura funcionaba. —¿Qué estructura? —Que una persona puede manejar muchas tareas si el sistema está bien organizado.
Me reí por primera vez. —No estaban viendo un sistema, Arturo. Me estaban viendo trabajar.
Él se molestó. Dijo que yo estaba confundiendo una idea de negocio con nuestra relación. Según él, pensaba ofrecerme participación cuando la empresa aprobara el proyecto. —¿Cuánto? pregunté. No respondió. —¿Cuánto, Arturo? —Todavía no estaba definido.
Entonces recordé el archivo. La transición doméstica tenía fecha de octubre porque el proyecto debía iniciar ese mes. Si reemplazaban mis tareas familiares con servicios pagados, yo tendría “tiempo disponible” para incorporarme a la nueva unidad. —¿Ibas a decirme que trabajara para ustedes? —Con sueldo. —¿Haciendo lo que ya hago para mis propios clientes? —A mayor escala.
Ahí comprendí el plan completo. Primero demostrar que mi método podía replicarse. Después quedarse con mis clientes iniciales. Finalmente ofrecerme un puesto dentro de la estructura que habían construido observándome.
Pero quedaba una pregunta.
—¿Quién decidió que Nicolás debía reemplazarme?
Arturo miró hacia otro lado.
Sergio me había enviado también una captura del organigrama preliminar. Nicolás figuraba como director operativo. Arturo, como responsable comercial.
Y debajo aparecía un tercer nombre:
**Elena Vargas — Coordinación administrativa.**
Yo.
MI ESPOSO INVITÓ A SUS AMIGOS A CENAR Y