EL PROFESOR DIJO QUE MI COMPAÑERA PERDERÍA EL EXAMEN
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Posted on 6 September, 2026 by diego
EL PROFESOR DIJO QUE MI COMPAÑERA PERDERÍA EL EXAMEN POR HABER IDO AL FUNERAL DE SU MAMÁ… PERO CUANDO LLEGÓ LA HORA, LOS 28 ALUMNOS ENTREGAMOS LA HOJA COMPLETAMENTE EN BLANCO. LO QUE NO SABÍAMOS ERA QUE AQUEL PROFESOR ESTABA SIENDO EVALUADO ESE MISMO DÍA.
Yo tenía veintiún años y estudiaba en **Puebla** cuando ocurrió algo que todavía recuerdo.
Nuestra compañera **Jimena** recibió una llamada en plena clase.
Su mamá había muerto inesperadamente.
Esa misma tarde tuvo que regresar a su comunidad para acompañar a su papá y encargarse del funeral.
El problema apareció dos días después.
Teníamos el examen final de una materia que impartía el profesor **Salcedo**.
Una compañera preguntó si Jimena podría presentarlo cuando regresara.
—No —respondió él—. Ese día cierro calificaciones.
Intentamos explicarle la situación.
—Las reglas son iguales para todos.
Aquella frase nos molestó.
No queríamos privilegios para Jimena.
Queríamos que pudiera despedir a su madre sin que eso le costara una materia.
Esa tarde empezamos a hablar entre nosotros.
Y tomamos una decisión.
El día del examen entramos normalmente.
El profesor repartió las hojas.
Nadie protestó.
Nadie discutió.
Contestamos nuestros nombres y esperamos.
Cuarenta minutos después, Salcedo ordenó:
—Entreguen.
El primero pasó al frente.
Hoja en blanco.
Después otra.
Y otra.
Veintiocho exámenes sin una sola respuesta.
El profesor comenzó a revisarlos.
—¿Qué significa esto?
Nuestro representante respondió:
—Si Jimena obtiene cero porque no pudo estar aquí, pónganos cero a todos.
Salcedo se puso rojo.
—¿Creen que pueden chantajearme?
—No. Usted puede calificarnos como quiera.
Eso lo enfureció todavía más.
Recogió las hojas y salió.
Pensamos que iría con el coordinador.
Pero veinte minutos después entraron tres personas.
Una era la directora.
Los otros dos no los conocíamos.
La directora pidió hablar con nosotros sin el profesor.
—Quiero saber exactamente qué ocurrió.
Se lo contamos.
Entonces uno de los desconocidos preguntó:
—¿El profesor sabía desde cuándo que la madre de esta estudiante había fallecido?
—Desde ese mismo día.
Anotó algo.
Aquello me pareció extraño.
La directora nos explicó que habría una solución para Jimena, pero después añadió:
—Necesito que entiendan que esta visita no estaba programada por lo que ustedes hicieron.
Nos miramos.
Los dos desconocidos habían llegado esa mañana para revisar otra situación relacionada con el profesor Salcedo.
No nos dijeron cuál.
Finalmente repetimos el examen y acordaron que Jimena tendría una fecha extraordinaria cuando regresara.
Creímos que todo había terminado.
Cinco días después volvió.
Estaba más delgada y casi no hablaba.
Cuando le contamos lo ocurrido, empezó a llorar.
—No tenían que hacer eso por mí.
—Sí teníamos —respondió alguien desde atrás.
Jimena presentó su examen esa tarde.
Pero cuando terminó, la directora no la dejó marcharse.
Pidió que también entráramos dos compañeros que habíamos participado en la protesta.
Sobre su escritorio estaban nuestros veintiocho exámenes en blanco.
Junto a ellos había una carpeta mucho más gruesa.
—Jimena —dijo la directora—, necesito preguntarte algo que no tiene que ver con el examen.
Ella levantó la mirada.
—¿El profesor Salcedo se comunicó contigo durante los días del funeral?
Jimena tardó demasiado en responder.
—Sí.
—¿Qué te dijo?
Vi cómo apretaba las manos.
Después sacó su teléfono.
—Pensé que no debía enseñárselo a nadie.
La directora leyó los mensajes.
Su expresión cambió.
Cerró inmediatamente la puerta y llamó a uno de aquellos evaluadores.
Entonces comprendimos que nuestra protesta había destapado algo que ninguno de nosotros sabía que estaba ocurriendo.