MI EMPLEADA DOMÉSTICA ME DIJO QUE YA NO PODÍA SEGUIR HACIENDO

MI EMPLEADA DOMÉSTICA ME DIJO QUE YA NO PODÍA SEGUIR HACIENDO
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Posted on 5 September, 2026 by diego

MI EMPLEADA DOMÉSTICA ME DIJO QUE YA NO PODÍA SEGUIR HACIENDO “EL TRABAJO DE TRES PERSONAS” Y RENUNCIÓ ESE MISMO DÍA… YO PENSÉ QUE ENCONTRARÍA A ALGUIEN EN UNA SEMANA, HASTA QUE LA PRIMERA CANDIDATA ENTRÓ A MI CASA, MIRÓ LA COCINA Y ME HIZO UNA PREGUNTA QUE MI PROPIA HIJA NO QUISO CONTESTAR.
Me llamo **Graciela**, tengo cincuenta y siete años y vivo en **Querétaro** con mi esposo, **Rubén**.
Durante casi cuatro años, **Margarita** trabajó en nuestra casa.
Nunca tuvimos problemas.
Hasta que mi hija **Fernanda** llegó “temporalmente” con su esposo, **Mauricio**, y mis dos nietos.
De pronto pasamos de dos personas a seis.
Dos semanas después Margarita me pidió hablar.
—Doña Graciela, necesito que ajustemos lo que me paga mientras esté toda la familia.
Me molestó.
Su horario no había cambiado.
—Sigues entrando y saliendo a la misma hora.
—Sí, pero ahora no hago el mismo trabajo.
Me habló de baños, ropa, cocina y habitaciones.
Le respondí que precisamente para eso la contrataba.
Al día siguiente renunció.
No discutí.
Estaba convencida de que encontraría reemplazo rápidamente.
Publiqué una vacante.
Recibí doce mensajes.
La primera candidata llegó el lunes.
Se llamaba **Rocío**.
Recorrió la planta baja, preguntó cuántas personas vivíamos ahí y después entró a la cocina.
Había platos del desayuno, recipientes de la cena anterior y dos mochilas infantiles sobre la mesa.
—¿Todo esto lo atendería yo?
—Naturalmente.
—¿También la ropa de las seis personas?
—Sí.
Me dio una cifra casi cincuenta por ciento superior a lo que cobraba Margarita.
Pensé que estaba exagerando.
La segunda pidió algo parecido.
La tercera ni siquiera quiso el trabajo después de conocer las tareas.
Entonces Rocío hizo una pregunta extraña:
—¿Su hija también necesita que limpiemos el departamento de arriba?
—¿Cuál departamento?
Señaló las escaleras.
—El área que me enseñó cuando usted salió a contestar el teléfono.
Miré a Fernanda.
—¿Qué le enseñaste?
Mi hija respondió demasiado rápido.
—Nada, mamá.
Subí.

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